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Félix Rodríguez de la Fuente con un ejemplar de lobo ibérico. RTVE
EL DURO DILEMA DEL LOBO IBÉRICO: CÓMO SER PIEZA DE CAZA EVITÓ SU EXTINCIÓN
Félix Rodríguez de la Fuente logró en 1970 que pasase de "alimaña" a "especie cinegética", frenando su exterminio pese a la psicosis mediática.
23 abril, 2018 - 03:00Félix Rodríguez de la Fuente logró en 1970 que pasase de "alimaña" a "especie cinegética", frenando su exterminio pese a la psicosis mediática.
Por Paolo Fava
El hueco que dejó Félix Rodríguez de la Fuente en la divulgación de la naturaleza se ha visto rellenado en época reciente por mitos y verdades a medias. Una de ellas tiene que ver con la caza del lobo, a la que nunca se opuso, al contrario. Lo hizo por salvar a una especie que conocía y amaba: antes que la Ley de Caza de 1970 lo reconociera como "especie cinegética", era considerado como "alimaña". Podía ser exterminado de cualquier manera - lazo, cepo, veneno - y las autoridades lo recompensarían. Alimañeros como Pepe el de Fresneda hicieron célebre este modo de vida. La reforma estableció que el lobo solo podría ser cazado con arma de fuego, en los periodos anuales autorizados, y nunca capturando cachorros.
El biólogo Carlos Sanz se cruzó en el camino de Rodríguez de la Fuente cuando era un estudiante entusiasmado por defender la fauna y flora de la Península Ibérica. La relación fructificó a partir de 1975 con su participación en los rodajes de El Hombre y la Tierra. Tras más de 40 años dedicados a la conservación y la divulgación sobre el lobo, tiene muy claro cuál es hoy en día la principal amenaza para la especie: "Las posturas radicales, tanto la de los 'anti-lobo' que quieren exterminarlo porque lo consideran incompatible con la ganadería, como la de los 'pro-lobo' que lo consideran como un 'dios intocable' y rechazan cualquier forma de control de la especie".
La enumeración de presuntos ataques de lobos a seres humanos en España, que reflota periódicamente en forma de texto viral coincidiendo con el aniversario de la muerte de Rodríguez de la Fuente, molesta especialmente al especialista, que trabaja actualmente en el Centro del Lobo Ibérico de Castilla y León como responsable del mantenimiento y manejo de las manadas en Robledo de Sanabria (Zamora). Se trata de una dedicación en cuerpo y alma: hace dos años, Sanz resultó herido por uno de sus ejemplares tras un intento de "liberación" por parte de animalistas radicales. Ahora atiende a EL ESPAÑOL por correo electrónico, en los huecos que le permiten las largas jornadas entregadas al lobo.
"La culpa no fue del lobo, como ya expliqué en su momento" - subraya. "Algún insensato rompió el doble vallado de seguridad, cortó el pastor eléctrico y abrió puertas y candados, hostigando a los lobos para que se escaparan de sus instalaciones. Con los animales estresados y asustados, todo se complicó porque una loba a punto de parir empezó a pelearse con otra. Al intervenir para separarlas, el lobo dominante me consideró como una posible amenaza para su compañera e intentó defenderla... Jamás me había mordido un lobo hasta ese día. Afortunadamente las heridas no fueron demasiado graves, pero la acción de algún salvalobos irresponsable pudo acabar en tragedia".
Carlos Sanz con los lobos del Centro del Lobo Ibérico
Con todo, se trató de un hecho "excepcional" que no se reproduciría en la naturaleza. "El ataque de un lobo salvaje sano a una persona no es imposible pero sí es altamente improbable, y estadísticamente insignificante si lo comparamos con la probabilidad de que sea un perro el que ataque a una persona" - explica el biólogo de campo. "Hay miles de casos de ataques de perros a personas en el mundo todos los años. Y sin embargo, no hay prácticamente constancia documentada de ataques de lobos a personas en las últimas décadas. En tan solo un par de casos, en Canadá en 2005 y en Alaska en 2010, hay posibilidades de que los atacantes fueran lobos, aunque con reservas en cuanto a las circunstancias excepcionales en las que se produjeron".
Hablar de lobos asesinos en España nos retrotrae obligatoriamente a los sucesos de 1974 de San Cibrao das Viñas, Orense, cuando murieron dos niños en ataques de los que se responsabilizó a "una loba". Sanz arroja una mirada crítica: "Los testigos de aquellos hechos fueron niños de corta edad o paisanos que dudo mucho que pudieran diferenciar claramente si se trataba de un auténtico lobo o de un perro". El biólogo lo ilustra proporcionando la pieza que el telediario de TVE emitió en 2010 recordando los hechos. "Puede apreciarse claramente en las confusas y contradictorias declaraciones de un abuelo junto a su nieto que fueron grabadas en aquellos días".
Enlace al video en Youtube: https://youtu.be/SgXSArGbPK0
Vídeo: Recuerdo a Félix, Pepe el de Fresneda y ataques de lobos en Galicia en 1974. Ver en https://www.elespanol.com/ciencia/ecologia/20180416/dilema-lobo-iberico-pieza-mayor-evito-extincion/300220375_0.html
La hemeroteca de Televisión Española da buena cuenta de la psicosis que supuso lo que Tico Medina bautizó en ABC como 'el verano del lobo asesino': madres que encerraban a sus hijos en jaulas mientras trabajaban en el campo y batidas para acabar con cualquier cánido a tiro. "Se desató una histeria colectiva contra el lobo en Galicia, azuzada desde diversos medios de comunicación, que provocó que el Gobernador Civil de Orense ordenara una gran campaña de envenenamiento con estricnina" - recuerda Sanz.
Pepe el de Fresneda en persona reivindicó haber matado seis lobos en aquella batida. "Aunque según se aprecia en las imágenes en las que aparece arrastrando a un gran perro negro capturado en un cepo, no todos eran lobos verdaderos…"- matiza el biólogo. José Antonio Valverde recogió en Los Lobos de Morla los resultados el balance de la gran cacería de verano de 1974: 31 lobos según el ICONA pero el doble según la estima local, gran cantidad de perros, zorros... "Los ataques cesaron" - remarca Sanz. "Pero nadie pudo acreditar cuál de los muchos cánidos abatidos fue el causante de la muerte de los niños".
La falta de evidencia científica llevó a Rodríguez de la Fuente a sugerir que los animales agresores probablemente fueron perros asilvestrados, cimarrones o incluso híbridos. 40 años después, Sanz considera que estaba en lo cierto. La prueba es de tipo empírico: jamás se ha vuelto a informar de un ataque fidedigno de lobo pese a que el número de ejemplares se ha multiplicado en las últimas décadas. Así, a principios de los años 70 no quedaban más de 500 lobos en España, mientras que los censos realizados entre 2012 y 2014 estiman una población de entre 2.000 y 2.500 ejemplares.